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¡Qué frio hace en las profundidades del Huéznar!

Pues sí. Mucho frío. A pesar de que el sábado hizo un montón de calor, el agua del riachuelo se hacía un poco la tonta. Podría influir que había montones de árboles, que daban un montón de sombra… igual la función térmica del agua solo se activa cuando recibe una gran cantidad de luz… o simplemente que ese río debía ser frío y ya está.

Por cierto, que no se llama Huéznar sino Rivera del Huéznar, lo que pasa que es un nombre poco apropiado para el título del árticulo. “¡Qué frio hace en las profundidades del Rivera del Huéznar!”, va a ser que no.

¿Y qué hacía yo en un río el sábado con un nombre tan comercial como el que tiene (voy a hacer el esfuerzo de dejar de repetir el nombre, jeje)? Pues nada, todas las culpas a Astarté, que llevaba parte del verano intentando convencerme para ir de camping, y fijate, me convenció. Sorprendentemente, sin mucho esfuerzo.

Así que desde mediados de julio le empecé a hablar a todos mis conocidos y amigos sobre la idea de hacer camping, todo ello asumiendo la sorpresa de Astarté, acostumbrada ya a mi gran indecisión y a que la deje plantada… de vez en cuando.

Curiosamente, fue mes y medio de idas y venidas de gente, un día te decían que se venían, al otro que ya no… me recordaban a mí… (aunque insisto, porque es muy importante, que yo estaba seguro de ir). Sólo había tres personas fijas… un amigo, Astarté y el que escribe.

Al final fuimos durante un fin de semana, siete personas. Como suele decirse, no estábamos todos los que éramos, pero éramos todos los que estábamos. Y para desilusión de Astarté tampoco fuimos todos los días que habríamos podido.

Decidimos que el punto de reunión iba a ser Sevilla, y salimos en tren hacia la Sierra Norte. Llegamos a un camping que estaba bastante bien, aunque yo me lo esperaba menos limitado. Y no me refiero a que tuviera leyes muy estrictas ni que fuera pequeño en extensión. Yo me esperaba una zona acotada en medio del campo… con un rio cerca. Y en realidad era una zona acotada entre la vía del tren y el rio. Era precioso, pero me esperaba otra cosa. De todas formas acabé bastante satisfecho, no me importaría repetir… aunque la próxima vez podríamos investigar nuevos sitios.

Para mí, era la primera vez que me iba de acampada con unos amigos. He ido bastantes veces, pero con mis padres o con excursiones organizadas. Ha sido una experiencia muy buena. Como éramos tres chicas y cuatro chicos, la separación fue la lógica que cabe pensar, cuando sólo hay dos tiendas (aunque había gente que no veía muy claramente la división).

Nos llevamos guitarra, pelotas de malabares, el diabolo (¿a quién se le ocurriría?) y por supuesto cámaras de fotos. No conocimos a nadie… se ve que la media era bastante insociable (y hablo de nosotros, que es triste) pero nos lo pasamos bastante bien. El sábado nos fuimos siguiendo el rio, que fue cuando nos bañamos (algunos valientes, entre los que me incluyo con una penosa actuación XDD) y vimos más cosas.

Ha sido un fin de semana de anécdotas. He corroborado lo que ya me decian muchos, que el ser friki se nace, y no se hace; y que somos más de los que pensaba. Hemos conocido a una simpática zorra (¿qué por qué era zorra y no zorro?… sería largo de explicar, pero estamos casi seguros) que se comió nuestra comida el sábado por la noche; y nos obligó a gastar 6€ más de presupuesto para comer el domingo. Hemos jugado a cosas que yo ni conocía, y que tenían toda la pinta de ser tremendamente infantiles, pero con las que nos hemos divertido un montón. La frase que dá título al árticulo, que para el que no sepa es de Kare Kano y en la versión original dice “¡Qué frio hace en las profundidades de la mediocridad!”; aunque hay gente que se empeña en decorarla con nocturnidad y alevosía. Y otras muchas más que me guardo para mí, porque forman ya parte de mi camino tras la atharaxia.

Para mí, todo esto ha sido como el anuncio antiguo de los huevos Kinder Sorpresa. Ha sido algo nuevo, algo rico y una gran sorpresa.

Me estoy pensando si poner alguna foto… un abrazo.

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